No somos pocos los corredores que aprovechamos las vacaciones para darle un puntito más a nuestros entrenamientos. Dentro de la planificación que he planteado en estas páginas las vacaciones de Semana Santa nos pillan en plena preparación específica aunque dependiendo de cómo caiga esta festividad (recordad que la Semana Santa es la primera luna llena de la primavera y por tanto puede caer desde el último fin de semana de marzo hasta el tercero de abril) puede llegar ya en el final de las 8 semanas de entrenamientos de volumen o ya al inicio de las dos semanas de bajada.

La cuestión es que muchos corredores que tienen libres estos días aprovechan para meter más volumen o intensidad al entrenamiento ya que como están más descansados creen que va a ser bueno para su preparación.
El problema viene cuando nos excedemos y si bien los entrenamientos de esa semana los hacemos sin problema las semanas siguientes hasta el maratón pasamos a estar más cansados de lo que deberíamos y el entrenamiento empieza a no salir como debiera.

¿Qué ha ocurrido? Que el plus que hemos metido nos ha sacado de forma y a la fatiga propia de las semanas de entrenamiento que llevamos se añade lo que hemos entrenado de más durante estos días.

Hacerlo así puede frustrar nuestra prepa-ración para el maratón y dar al traste con todas las semanas que llevamos de entrenamiento. Lo más probable es que nos presentemos en la línea de salida pasados de forma y el resultado de la carrera no sea el que esperábamos pese a haber hecho buenos entrenamientos a lo largo de la preparación.

Por tanto cuidado con la Semana Santa. Si tenéis la suerte de tener vacaciones seguid el plan de entrenamiento como estaba planificado y no añadáis más volumen ni metáis más intensidad. Aprovechad para descansar, algo que vuestro cuerpo agradecerá y de esta manera conseguiréis que el objetivo del maratón no se frustre.

Este texto es parte del libro Cosas del correr

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