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Tema: Si una noche de invierno un viajero (Se una notte d'inverno un viaggiatore)

  1. #61
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    06 dic, 06
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    Cita Iniciado por kublai Ver mensaje

    ¿Sigue existiendo la librerìa,especializada en Filosofìa,"Leòn" en la Calle Gaztambide de Madrid?
    Aunque no soy de Madrid y no lo puedo asegurar, buscando en google no sale nada. Lo más reciente es que aparecía como distribuidor de los libros EDAF allá a principios de 1969. La dirección exacta: Gaztambide, 55 y el teléfono entonces el (91) 2439252

    http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigat...12/24/014.html

  2. #62
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    Hasta mañana dices, y tu voz
    se apaga y se desprende
    como la nieve. Lejos, poco a poco,
    va cayendo, y se duerme,
    tu corazòn cansado,
    donde el mañana està. Como otras veces,
    hasta mañana dices, y te pliegas
    al mañana en que crees,
    como el viento a la lluvia,
    como la luz a las movibles mieses.
    Hasta mañana, piensas; y tus ojos
    cierras hasta mañana, y ensombreces,
    y guardas. Tus dos brazos
    cruzas, y el peso leve levantas, de tu pecho confiado.
    Tras la penumbra de tu carne crece
    la luz intacta de la orilla. Vuela
    una paloma sola y pasa tenue
    la luna acariciando las espigas
    lejanas. Se oyen trenes
    hundidos en la noche, entre el silencio
    de las encinas y el trigal que vuelve
    con la brisa. Te vas siempre
    hasta mañana, lejos. Tu sonrisa
    se va durmiendo mientras Dios la mece
    en tus labios, lo mismo
    que el tallo de una flor en la corriente;
    mientras se queda ciega tu hermosura
    como el viento al rodar sobre la nieve;
    mientras te vas hasta mañana, dulcemente
    por esa senda pura que, algùn dìa,
    te llevarà dormida hacia la muerte.


    LEOPOLDO PANERO.






    PS.
    Muchas gracias Danili por tomarte la molestia.Has sido muy amable.
    Si no tienes (esta pregunta-como otras-tenía regalo-Broma-) el DVD:"La odisea del corredor de fondo",envìame por correo interno tu dirección y antes de que acabe el verano te enviaré una copia.
    Un Saludo.


  3. #63
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    Lo mejor de mi vida es el dolor.




  4. #64
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    M.J.(12.10.1975).


    EL TEMPLO VACÌO.

    No sè de donde brota la tristeza que tengo.
    Mi dolor se arrodilla, como el tronco de un sauce,
    sobre el agua del tiempo, por donde voy y vengo,
    casi fuera de madre, derramado en el cauce.

    Lo mejor de mi vida es el dolor.
    Tù sabes como soy.
    Tù levantas esta carne que es mìa.
    Tù esta luz que sonrosa las alas de las aves,
    Tù esta noble tristeza que llaman alegrìa.

    ¡ Còmo el último rezo de un niño que se duerme,
    y con la voz nublada de sueño y de pureza
    se vuelve hacia el silencio,
    yo quisiera volverme hacia Ti,
    y en tus manos desmayar mi cabeza !

    Soy el huèsped del tiempo,
    soy, Señor, caminante que se borra en el bosque
    y en la sombra tropieza,
    tapado por la nieve lenta de cada instante,
    mientras busco el camino que no acaba ni empieza.

    Soy el hombre desnudo.
    Soy el que nada tiene.
    Soy siempre el arrojado del propio paraìso.
    Soy el que tiene frìo de si mismo.
    El que viene cargado con el peso de todo lo que quiso.

    Lo mejor de mi vida es el dolor.
    ¡ Oh lumbre seca de la material !
    ¡ Oh racimo estrujado !
    haz de mi pecho un lago de clara mansedumbre.
    ¡ Señor, Señor!
    Desata mi cuerpo maniatado.

    LEOPOLDO PANERO.



    D.T.(21.3.1972).


  5. #65
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    III. LA MALEDICENCIA

    Si se limitaran a vegetar, agobiados como cariátides bajo el peso de sus atributos, los hombres sin ideales escaparían a la reprobación y a la alabanza. Circunscritos a su órbita, serían tan respetables como los demás objetos que nos rodean. No hay culpa en nacer sin dotes excepcionales; no podría exigírseles que treparan las cuestas riscosas por donde ascienden los ingenios preclaros. Merecerían la indulgencia de los espíritus privilegiados, que no la rehúsan a los imbéciles inofensivos. Estos últimos, con ser más indigentes, pueden justificarse ante un optimismo risueño: zurdos en todo, rompen el tedio y hacen parecer la vida menos larga, divirtiendo a los ingeniosos y ayudándolos a andar el camino. Son buenos compañeros y depositan el., bazo durante la marcha: habría que agradecerles los servicios que prestan sin sospecharlo.

    Los mediocres, lo mismo que los imbéciles, serían acreedores a esa amable tolerancia mientras se mantuvieran a la capa; cuando renuncian a imponer sus rutinas son sencillos ejemplares del rebaño humano, siempre dispuestos a ofrecer su lana a los pastores. Desgraciadamente, suelen olvidar su inferior jerarquía y pretenden tocar la zampoña, con la irrisoria pretensión de sus desafinamientos.

    Tórnanse entonces peligrosos y nocivos. Detestan a los que no pueden igualar, como si con sólo existir los ofendieran. Sin alas para elevarse hasta ellos, deciden rebajarlos: la exigüidad del propio valimiento les induce a roer el mérito ajeno. Clavan sus dientes en toda reputación que les humilla, sin sospechar que nunca es más vil la con ducta humana. Basta ese rasgo para distinguir al doméstico del digno, al ignorante del sabio, al hipócrita del virtuoso, al villano del gentilhombre.

    Los lacayos pueden hozar en la fama; los hombres excelentes no saben envenenar la vida ajena.

    Ninguna escena alegórica posee más honda elocuencia que el cuadro famoso de Sandro Botticelli. La calumnia invita a meditar con doloroso recogimiento; en toda la Galería de los Oficios parecen resonar las palabras que el artista no lo dudamos quiso poner en labios de la Verdad, para consuelo de la víctima: en su encono está la medida de su mérito... La Inocencia yace, en el centro del cuadro, acoquinada bajo el infame gesto de la Calumnia. La Envidia la precede; el Engaño y la Hipocresía la acompañan. Todas las pasiones viles y traidoras suman su esfuerzo implacable para el triunfo del mal. El Arrepentimiento mira de través hacia el opuesto extremo, donde está, como siempre sola y desnuda, la Verdad; contrastando con el salvaje ademán de sus enemigas, ella levanta su índice al cielo en una tranquila apelación a la justicia divina. Y mientras la víctima junta sus manos y las tiende hacia ella, en una súplica infinita y conmovedora, el juez Midas presta sus vastas orejas a la Ignorancia y la Sospecha.

    En esta apasionada reconstrucción de un cuadro de Apeles, descrito por Luciano, parece adquirir dramáticas firmezas el suave pincel que desborda dulzuras en la Virgen del granado y el San Sebastián, invita al remordimiento con La abandonada, santifica la vida y el amor en la Alegría de la primavera y el Nacimiento de Venus.

    Los mediocres, más inclinados a la hipocresía que al odio, prefieren la maledicencia sorda a la calumnia violenta. Sabiendo que ésta es criminal y arriesgada, optan por la primera, cuya infamia es subrepticia y sutil. La una es audaz; la otra cobarde. El calumniador desafía el castigo, se expone; el maldiciente lo esquiva. El uno se aparta de la mediocridad, es antisocial, tiene el valor de ser delincuente; el otro es cobarde y se encubre con la complicidad de sus iguales, manteniéndose en la penumbra.

    Los maldicientes florecen doquiera: en los cenáculos, en los clubs, en las academias, en las familias, en las profesiones, acosando a todos los que perfilan alguna originalidad. Hablan a media voz, con recato, constantes en su afán de taladrar la dicha ajena, sombrando a puñados la semilla de todas las yerbas venenosas. La maledicencia es una serpiente que se insinúa en la conversación de los envilecidos; sus vértebras son nombres propios, articuladas por los verbos más equívocos del diccionario para arrastrar un cuerpo cuyas escamas son calificativas pavorosos.

    Vierten la infamia en todas las copas transparentes, con serenidad de Borgias; las manos que la manejan parecen de prestidigitadores, diestras en la manera y amables en la forma. Una sonrisa, un levantar de espaldas, un fruncir la frente como subscribiendo a la posibilidad del mal, bastan para macular la probidad de un hombre o el honor de una mujer. El maldiciente, cobarde entre todos los envenenadores, está seguro de la impunidad; por eso es despreciable. No afirma, pero insinúa; llega hasta desmentir imputaciones que nadie hace, contando con la irresponsabilidad de hacerlas en esa forma. Miente con espontaneidad, como respira. Sabe seleccionar lo que converge a la detracción.

    Dice distraídamente todo el mal de que no está seguro y calla con prudencia todo el bien que sabe. No respeta las virtudes íntimas ni los secretos del hogar, nada; inyecta la gota de ponzoña que asoma como una irrupción en sus labios irritados, hasta que por toda la boca, hecha una pústula, el interlocutor espera ver salir, en vez de lengua, un estilete.

    Sin cobardía, no hay maledicencia. El que puede gritar cara a cara una injuria, el que denuncia a voces un vicio ajeno, el que acepta los riesgos de sus decires, no es un maldiciente. Para serlo es menester temblar ante la idea del castigo posible y cubrirse con las máscaras menos sospechosas. Los peores son los que maldicen elogiando: templan su aplauso con arremangadas reservas, más graves que las peores imputaciones. Tal bajeza en el pensar es una insidiosa manera de practicar el mal, de efectuar lo potencialmente. sin el valor de la acción rectilínea.

    Si estos basiliscos parlantes poseen algún barniz de cultura, pretenden encubrir su infamia con el pabellón de la espiritualidad. Vana esperanza; están condenados a perseguir la gracia y tropezar con la perfidia. Su burla no es sonrisa, es mueca. El ejercicio puede tornarles fácil la malignidad zumbona, pero ella no se confunde con la ironía sagaz y justa. La ironía es la perfección del ingenio, una convergencia de intención y de sonrisa aguda en la oportunidad y justa en la medida; es un cronómetro, no anda mucho, sino con precisión.
    (...)
    El escritor mediocre es peor por su estilo que por su moral. Rasguña tímidamente a los que envidia; en sus collonadas se nota la temperancia del miedo, como si le erizaran los peligros de la responsabilidad. Abunda entre los malos escritores, aunque no todos los mediocres consiguen serlo; muchos se limitan a ser terriblemente aburridos, acosándonos con volúmenes que podrían terminar en el primer párrafo. Sus páginas están embalumadas de lugares comunes, como los ejercicios de las guías políglotas. Describen dando tropiezos contra la realidad; son objetivos que operan y no retortas que destilan; se desesperan pensando que la calcomanía no figura entre las bellas artes. Si acometen la literatura, diríase que Vasco da Gama emprende el descubrimiento de todos los lugares comunes, sin vislumbrar el cabo de una buena esperanza; si chapalean la ciencia, su andar es de mula montañesa, deteniéndose a rumiar el pienso pastado medio siglo antes por sus predecesores. Esos fieles de la rapsodia y de la paráfrasis practican esa pudibunda modestia que es su mentira convencional; se admiran entre sí, como solidaridad de logia, execrando cualquier soplo de ciclón o revoloteo de águila. Palidecen ante el orgullo desdeñoso de los hombres cuyos ideales no sufren inflexiones; fingen no comprender esa virtud de santos y de sabios, supremo desprecio de todas las mentiras por ellos veneradas. El escritor mediocre, tímido y prudente, resulta inofensivo. Solamente la envidia puede encelarle; entonces prefiere hacerse crítico.

    El mediocre parlante es peor por su moral que por su estilo; su lengua centuplícase en copiosidades acicaladas y las palabras ruedan sin la traba de la ulterioridad. La maledicencia oral tiene eficacias inmediatas, pavorosas. Está en todas partes, agrede en cualquier momento.

    Cuando se reúnen espíritus pazguatos, para turnarse en decir pavadas sin interés para quien las oye, el terreno es propicio para que el más alevoso comience a maldecir de algún ilustre, rebajándolo hasta su propio nivel. La eficacia de la difamación arraiga en la complacencia tácita de quienes la escuchan, en la cobardía colectiva de cuantos pueden escucharla sin indignarse; moriría si ellos no le hicieran una atmósfera vital. Ése es su secreto. Semejante a la moneda falsa, es circulada sin escrúpulos por muchos que no tendrían el valor de acuñarla.

    Las lenguas más acibaradas son las de aquellos que tienen menos autoridad moral, como enseña Moliere desde la primera escena deTartufo: "Ceut de qui la conduite offre le plus á vire., Sont toujours sur autri les prentiers a médire "

    (Aquéllos en quienes la conducta se presta más a risa, son siempre, los primeros en hablar mal de los demás).

    Diríase que empañan la reputación ajena para disminuir el contraste con la propia. Eso no excluye que existan casquivanos cuya culpa es inconsciente ; maldicen por ociosidad o por, diversión, sin sospechar donde conduce el camino en que se aventuran. Al contar una falta ajena ponen cierto amor propio en ser interesantes, aumentándola, adornándola, pasando insensiblemente de la verdad a la mentira, de la torpeza a la infamia, de la maledicencia a la calumnia. ¿Para qué evocar las palabras memorables de la comedia de Beaunlarchais?

    J.I. ("El hombre mediocre" / fragmento).


  6. #66
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    “Y aquellos que desprecian completamente la razòn y rechazan el entendimiento, como si estuviera corrompido por naturaleza, son precisamente quienes cometen la iniquidad de creerse en posesiòn de la luz divina. Claro que, si tuvieran el mìnimo destello de esa luz, no desvariarìan con tanta altivez, sino que aprenderìan a rendir culto a Dios con más prudencia y se distinguirìan, no por el odio que ahora tienen, sino por el amor hacia los demàs; ni persiguirìan tampoco con tanta animosidad a quienes no comparten sus opiniones, sino que màs bien se compadecerìan de ellos, si es que realmente temen por su salvaciòn y no por su propia suerte.”

    B.SPINOZA.


  7. #67
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    ¨Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.
    Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
    Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.
    Profesando ser sabios, se hicieron necios.¨

    ROMANOS 1:18-22.


  8. #68
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    Toda obra verdaderamente artìstica encierra una grandeza y una universalidad que supera en mucho la limitada comprensiòn que de ella puede poseer su autor y hace sospechar que es el producto de una compleja operaciòn en la que intervienen factores no conscientes, es decir, no dominables por el artista, pero que pertenecen al Yo.

    SCHELLING.


  9. #69
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    Quien quiere poco, tiene todo; quien quiere nada
    Es libre; quien no tiene, y no desea,
    Siendo hombre, es igual a los dioses.

    F.PESSOA.


  10. #70
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    Gilgamesh, ¿por què vagas de un lado a otro?
    No alcanzaràs la vida que persigues.
    Cuando los dioses crearon la humanidad,
    decidieron que su destino fuese morir
    y reservaron la Vida para sì mismos.

    En cuanto a tì, Gilgamesh, llena tu vientre,
    divièrtete dìa y noche,
    cada dìa y cada noche sean de fiesta,
    el dìa y la noche gòzalos.
    Ponte vestidos bordados,
    lava tu cabeza y bàñate.
    Cuando el niño te tome de la mano, atièndelo y regocìjate
    y delèitate cuando tu mujer te abrace,
    porque también eso es destino de la humanidad.

    POEMA DE GILGAMESH (Fragmento).



    (=Mi avatar=El tiempo no se detiene).


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