ceci-lio
14/12/2005, 21:15
Alix en elistas enlaza
3 inmigrantes sin papeles presuntos asesinos ciclista 3 cantos
NACIONAL
EDICIÓN IMPRESA - Sucesos
Tres inmigrantes sin papeles, sospechosos del atropello mortal del
ciclista de Tres Cantos
Francisco Quintana fue embestido fortuitamente por una furgoneta
junto al Castillo de Soto de Viñuelas; su cuerpo fue trasladado a El
Molar, donde lo quemaron
CARLOS HIDALGO
CHEMA BARROSO Ésta fue una de las zonas rastreadas por la Benemérita
durante los primeros días del macabro suceso
¿Manipularon el lugar donde hallaron el cadáver?
La investigación por la muerte violenta de Francisco José Quintana
Calvo, el vecino de Tres Cantos que salió la tarde del pasado 15 de
septiembre con su bicicleta para dar un paseo por la cercana zona de
Soto de Viñuelas y apareció muerto tres días después en El Molar,
dio un giro inesperado hace tan sólo unos días. Los agentes de la
Guardia Civil que, desde hace casi tres meses, no cejan en los
trabajos para dar con la clave del caso detuvieron hace dos semanas
a tres inmigrantes en situación irregular en nuestro país por su
presunta implicación en los hechos. El desenlace del caso era el que
en principio parecía más improbable: un atropello fortuito y una
reacción posterior inexplicable de los autores, quizá motivada por
el hecho de ser «sin papeles».
Sin embargo, la falta de pruebas no ha llevado a la concreción del
caso, por lo que los tres hombres ya han quedado en libertad. De
cualquier manera, la investigación continúa abierta, porque hay
datos que apuntan a su implicación.
29 de noviembre: las detenciones
La última cadena de hechos se remonta a finales del pasado mes de
noviembre. Concretamente, el día 29, a las seis y media de la
mañana, tres grupos de agentes se apostaban en otros tantos puntos
concretos de la región, en un área muy cercana a Tres Cantos. Se
trataba de los domicilios de los sospechosos.
La acción policial no respondía a algo rutinario ni aleatorio. Era
fruto de un plan perfectamente trazado por los investigadores,
después de cotejar datos que les conducían a los tres hombres. El
juez cuenta con diversos testimonios que culpan a estas personas de
lo ocurrido.
Es más, algunos «testigos accidentales», según ha podido saber ABC,
situaban el vehículo sospechoso en el punto, día y hora en que
supuestamente fue atropellado Paco Quintana: la tarde del mismo día
15, en torno a las siete, junto al camino frecuentado por ciclistas
de la zona, a los pies del Castillo de Soto de Viñuelas.
Por lo tanto, las indicaciones de la familia del fallecido, que
apuntaban a que la última vez que había salido con su casi recién
estrenada bicicleta lo había hecho por ese mismo sendero, no iban
desencaminadas. Así fue. O, al menos, así lo señalan las sospechas
de los investigadores.
Por estas y otras pistas de las que se guarda reserva para no
afectar a las pesquisas, la Guardia Civil llegó a los tres
sospechosos, que fueron arrestados por orden del juez.
Ese mismo día, ya en dependencias policiales, se les sometió a
interrogatorio. Ninguno se vino abajo. Ninguno «cantó». Además de
que todos están en situación irregular en España, al menos uno de
ellos tiene antecedentes por tráfico de drogas.
Finalmente, debido a que la Guardia Civil no obtuvo ninguna prueba
concluyente, el juzgado no pudo decretar la prisión preventiva para
los tres detenidos, que, el día pasado día 2, tras permanecer 72
horas en dependencias policiales, tuvieron que ser puestos en
libertad.
No iban a por él
La Guardia Civil, pese a ello, continúa con las pesquisas para
averiguar qué pasó aquella tarde de septiembre. Los datos
fundamentales están sobre la mesa. Francisco Quintana salió con su
bicicleta y fue atropellado por una furgoneta ?presuntamente, la de
los tres inmigrantes? de forma fortuita. Parece ser que no iban a
por él.
Sin embargo, la investigación apunta a que los desconocidos, lejos
de prestarle el auxilio que necesitaba, se pusieron muy nerviosos,
cogieron el cuerpo, aún con vida, de la víctima ?y todas sus
pertenencias? y buscaron la carretera de Burgos (A-1). Quizá la
lluvia veraniega que cayó aquella tarde sobre Madrid les hizo pasar
inadvertidos, pese a los nervios, cuando transitaban por la autovía.
Eso sí, varios testigos vieron el vehículo en cuestión aquella tarde
pasar por ahí.
Los implicados tomaron un desvío de la carretera, pasaron junto a
una factoría de cementos, y aún condujeron durante unos pocos
kilómetros, ya por un camino rural. Después de más de 20 kilómetros
de huida, se adentraron en el paraje de Rascambres, que no es más
que un páramo en un coto de caza privado, cuyas viviendas más
cercanas se encuentran a varios cientos de metros de distancia.
Allí, entre la maleza y junto a un pinar donde los romeros
realizaban parada y fonda las noches de peregrinación, nada más
llegar al erial, se bajaron del vehículo y sacaron a Francisco.
Probablemente, creyeron que estaba muerto. O, quizá, no. Pero lo que
es una realidad es que Quintana aún respiraba cuando le rociaron 2
litros de gasolina por la cara, el pecho y las manos. El combustible
lo llevaban, muy probablemente, en el maletero, pues no se ha podido
comprobar que lo compraran en una estación de servicio cercana,
según la investigación.
Aún respiraba cuando le quemaron
La autopsia reveló que tenía restos de carbono en los pulmones, lo
que significa que respiraba aún cuando le quitaron la ropa y le
prendieron fuego. Tres días después, la noche del domingo 18, una
mujer que paseaba por la zona halló, boca arriba, el cuerpo sin vida
de Francisco José Quintana Calvo, de 38 años. Mientras, quienes lo
hicieron vivían con el corazón en un puño los primeros ritmos de las
investigaciones. Pero cometieron más de una imprudencia. Alguna,
incluso, fatal para ellos.
Mientras los hechos se precepitaban, los autores intentaron
deshacerse como pudieron del principal elemento que podría
conducirles a la cárcel: el vehículo con que se cometió la tropelía.
Ni cortos ni perezosos, se lo vendieron a un tercero.
Finalmente, la Guardia Civil dio con él, pero no tenía rastros de
ser con el que se había cometido el homicidio. No había señales en
la carrocería, pero tampoco signos evidentes en el interior. Las
pruebas de ADN realizadas así lo afirman.
Confusión inicial
Sea como fuere, las pesquisas continúan con el mismo celo. Los cabos
se atan y los indicios se concretan. Las evidentes dificultades que
se encontraron no han sido un escollo del todo insalvable para los
agentes de la Comandancia de Madrid.
Eso sí, en un principio, todo era confusión. El asesinato, el 1 de
agosto, sólo un mes y medio antes de la muerte del ciclista, de un
empresario constructor de Alcobendas muy cerca del cementerio de La
Paz pareció en un principio un nexo de unión entre ambos óbitos.
Pero, pese a que el cuerpo de Santiago Fidel fue hallado por dos
ciclistas de la zona y que también apareció carbonizado, la Policía
Nacional pronto supo que ambos casos no tenían nada que les
relacionase. Fidel fue asesinado, presuntamente, en un «secuestro
exprés»; o lo que es lo mismo, por dinero.
Sin embargo, Francisco José Quintana Calvo era un ciudadano medio,
casado y con una niña de 6 años. Tan sólo dos semanas antes de su
muerte, él y su mujer acogieron con gran alborozo la noticia de que
pronto serían padres de nuevo.
La tragedia truncó la alegría, aunque el futuro niño tendrá la
memoria narrada de quién fue su padre: un informático de profesión
que confesaba la religión protestante y tildado por amigos,
familiares y vecinos como una excelente persona, serio y formal.
http://www.abc.es/abc/pg051214/prensa/noticias/Nacional/Sucesos/20051
2/14/NAC-NAC-052.asp
saludos ceci
3 inmigrantes sin papeles presuntos asesinos ciclista 3 cantos
NACIONAL
EDICIÓN IMPRESA - Sucesos
Tres inmigrantes sin papeles, sospechosos del atropello mortal del
ciclista de Tres Cantos
Francisco Quintana fue embestido fortuitamente por una furgoneta
junto al Castillo de Soto de Viñuelas; su cuerpo fue trasladado a El
Molar, donde lo quemaron
CARLOS HIDALGO
CHEMA BARROSO Ésta fue una de las zonas rastreadas por la Benemérita
durante los primeros días del macabro suceso
¿Manipularon el lugar donde hallaron el cadáver?
La investigación por la muerte violenta de Francisco José Quintana
Calvo, el vecino de Tres Cantos que salió la tarde del pasado 15 de
septiembre con su bicicleta para dar un paseo por la cercana zona de
Soto de Viñuelas y apareció muerto tres días después en El Molar,
dio un giro inesperado hace tan sólo unos días. Los agentes de la
Guardia Civil que, desde hace casi tres meses, no cejan en los
trabajos para dar con la clave del caso detuvieron hace dos semanas
a tres inmigrantes en situación irregular en nuestro país por su
presunta implicación en los hechos. El desenlace del caso era el que
en principio parecía más improbable: un atropello fortuito y una
reacción posterior inexplicable de los autores, quizá motivada por
el hecho de ser «sin papeles».
Sin embargo, la falta de pruebas no ha llevado a la concreción del
caso, por lo que los tres hombres ya han quedado en libertad. De
cualquier manera, la investigación continúa abierta, porque hay
datos que apuntan a su implicación.
29 de noviembre: las detenciones
La última cadena de hechos se remonta a finales del pasado mes de
noviembre. Concretamente, el día 29, a las seis y media de la
mañana, tres grupos de agentes se apostaban en otros tantos puntos
concretos de la región, en un área muy cercana a Tres Cantos. Se
trataba de los domicilios de los sospechosos.
La acción policial no respondía a algo rutinario ni aleatorio. Era
fruto de un plan perfectamente trazado por los investigadores,
después de cotejar datos que les conducían a los tres hombres. El
juez cuenta con diversos testimonios que culpan a estas personas de
lo ocurrido.
Es más, algunos «testigos accidentales», según ha podido saber ABC,
situaban el vehículo sospechoso en el punto, día y hora en que
supuestamente fue atropellado Paco Quintana: la tarde del mismo día
15, en torno a las siete, junto al camino frecuentado por ciclistas
de la zona, a los pies del Castillo de Soto de Viñuelas.
Por lo tanto, las indicaciones de la familia del fallecido, que
apuntaban a que la última vez que había salido con su casi recién
estrenada bicicleta lo había hecho por ese mismo sendero, no iban
desencaminadas. Así fue. O, al menos, así lo señalan las sospechas
de los investigadores.
Por estas y otras pistas de las que se guarda reserva para no
afectar a las pesquisas, la Guardia Civil llegó a los tres
sospechosos, que fueron arrestados por orden del juez.
Ese mismo día, ya en dependencias policiales, se les sometió a
interrogatorio. Ninguno se vino abajo. Ninguno «cantó». Además de
que todos están en situación irregular en España, al menos uno de
ellos tiene antecedentes por tráfico de drogas.
Finalmente, debido a que la Guardia Civil no obtuvo ninguna prueba
concluyente, el juzgado no pudo decretar la prisión preventiva para
los tres detenidos, que, el día pasado día 2, tras permanecer 72
horas en dependencias policiales, tuvieron que ser puestos en
libertad.
No iban a por él
La Guardia Civil, pese a ello, continúa con las pesquisas para
averiguar qué pasó aquella tarde de septiembre. Los datos
fundamentales están sobre la mesa. Francisco Quintana salió con su
bicicleta y fue atropellado por una furgoneta ?presuntamente, la de
los tres inmigrantes? de forma fortuita. Parece ser que no iban a
por él.
Sin embargo, la investigación apunta a que los desconocidos, lejos
de prestarle el auxilio que necesitaba, se pusieron muy nerviosos,
cogieron el cuerpo, aún con vida, de la víctima ?y todas sus
pertenencias? y buscaron la carretera de Burgos (A-1). Quizá la
lluvia veraniega que cayó aquella tarde sobre Madrid les hizo pasar
inadvertidos, pese a los nervios, cuando transitaban por la autovía.
Eso sí, varios testigos vieron el vehículo en cuestión aquella tarde
pasar por ahí.
Los implicados tomaron un desvío de la carretera, pasaron junto a
una factoría de cementos, y aún condujeron durante unos pocos
kilómetros, ya por un camino rural. Después de más de 20 kilómetros
de huida, se adentraron en el paraje de Rascambres, que no es más
que un páramo en un coto de caza privado, cuyas viviendas más
cercanas se encuentran a varios cientos de metros de distancia.
Allí, entre la maleza y junto a un pinar donde los romeros
realizaban parada y fonda las noches de peregrinación, nada más
llegar al erial, se bajaron del vehículo y sacaron a Francisco.
Probablemente, creyeron que estaba muerto. O, quizá, no. Pero lo que
es una realidad es que Quintana aún respiraba cuando le rociaron 2
litros de gasolina por la cara, el pecho y las manos. El combustible
lo llevaban, muy probablemente, en el maletero, pues no se ha podido
comprobar que lo compraran en una estación de servicio cercana,
según la investigación.
Aún respiraba cuando le quemaron
La autopsia reveló que tenía restos de carbono en los pulmones, lo
que significa que respiraba aún cuando le quitaron la ropa y le
prendieron fuego. Tres días después, la noche del domingo 18, una
mujer que paseaba por la zona halló, boca arriba, el cuerpo sin vida
de Francisco José Quintana Calvo, de 38 años. Mientras, quienes lo
hicieron vivían con el corazón en un puño los primeros ritmos de las
investigaciones. Pero cometieron más de una imprudencia. Alguna,
incluso, fatal para ellos.
Mientras los hechos se precepitaban, los autores intentaron
deshacerse como pudieron del principal elemento que podría
conducirles a la cárcel: el vehículo con que se cometió la tropelía.
Ni cortos ni perezosos, se lo vendieron a un tercero.
Finalmente, la Guardia Civil dio con él, pero no tenía rastros de
ser con el que se había cometido el homicidio. No había señales en
la carrocería, pero tampoco signos evidentes en el interior. Las
pruebas de ADN realizadas así lo afirman.
Confusión inicial
Sea como fuere, las pesquisas continúan con el mismo celo. Los cabos
se atan y los indicios se concretan. Las evidentes dificultades que
se encontraron no han sido un escollo del todo insalvable para los
agentes de la Comandancia de Madrid.
Eso sí, en un principio, todo era confusión. El asesinato, el 1 de
agosto, sólo un mes y medio antes de la muerte del ciclista, de un
empresario constructor de Alcobendas muy cerca del cementerio de La
Paz pareció en un principio un nexo de unión entre ambos óbitos.
Pero, pese a que el cuerpo de Santiago Fidel fue hallado por dos
ciclistas de la zona y que también apareció carbonizado, la Policía
Nacional pronto supo que ambos casos no tenían nada que les
relacionase. Fidel fue asesinado, presuntamente, en un «secuestro
exprés»; o lo que es lo mismo, por dinero.
Sin embargo, Francisco José Quintana Calvo era un ciudadano medio,
casado y con una niña de 6 años. Tan sólo dos semanas antes de su
muerte, él y su mujer acogieron con gran alborozo la noticia de que
pronto serían padres de nuevo.
La tragedia truncó la alegría, aunque el futuro niño tendrá la
memoria narrada de quién fue su padre: un informático de profesión
que confesaba la religión protestante y tildado por amigos,
familiares y vecinos como una excelente persona, serio y formal.
http://www.abc.es/abc/pg051214/prensa/noticias/Nacional/Sucesos/20051
2/14/NAC-NAC-052.asp
saludos ceci