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Ver la versión completa : LO IMPORTANTE ES PARTICIPAR



Muñoz Real
10/02/2008, 20:01
Publicado en el periódico Levante EMV de Valencia, el domingo 10 de Febrero de 2008:

VICENTE AÑÓ

CuandoVirgilis Korzinatis escuchó al espondoforoi anunciar la tregua sagrada y la convocatoria para participar en los Juegos de Olimpia partió de inmediato. Tenía un largo camino por delante desde su ciudad, Volos, en el centro norte de Grecia, hasta Olimpia, en el Peloponeso. Le separaban más de seiscientos kilómetros de distancia, o algo más de cien mil estadios en la medida de los griegos, y debía hacerlos a pie, porque no tenía otro medio de transporte. El recorrido le llevaría entre veinte y treinta días, y antes del mes de junio debería llegar a Elis (ciudad que controlaba el santuario del dios Zeus de Olímpia y al que se le dedicaban los Juegos), e inscribirse en la lista de participantes. Era finales de mayo, y tenía el tiempo justo. Además, durante el viaje no debía descuidar su preparación y no sabía tampoco las dificultades con las que podría encontrarse. Era la primera vez que acudía y también el único participante de su ciudad, aunque por el camino esperaba encontrar a atletas de otras ciudades, como así fue.

El 25 de junio del año 648 anterior a la era cristiana, llegó al Gimnasio de Elis, que estaba ya en plena actividad, entregó un escrito del Arcontado de Volos a los helladonikas, en el que se certificaba que era griego de naturaleza y no estaba sancionado judicialmente, y se inscribió. Aunque no era muy bello, no tenía ningún defecto físico por lo que los helladonikas, en su calidad de jueces, autorizaron su participación en el Estadio, la carrera más corta, de 192,27 metros, y en el salto, para el que se había preparado especialmente.

Menos de un mes después, el 19 de julio comenzaron los agones y no tuvo suerte; le eliminaron en la segunda ronda de la carrera del estadio. Salió lento y ya no tuvo posibilidades. Al día siguiente, una vez acabadas las carreras, empezaban los agones de salto y los lanzamientos de disco y jabalina. Pero tampoco aquí tuvo suerte y no consiguió el triunfo, aunque su resultado no fue malo y alcanzó la cuarta mejor marca.

Terminados los Juegos, emprendió el camino de vuelta, feliz por haber participado en los Juegos Olímpicos en un año, además, en el que se había incluido una prueba más para completar el programa: la dura especialidad del pancracio, una mezcla de lucha y boxeo, que había presenciado con cierto horror, pues algunos de los competidores habían sido malheridos y pasaron a la siguiente ronda por descalificación del adversario, pero no pudieron seguir compitiendo.

Cuando llegó a su casa, nadie le esperaba. No había triunfado, no se había proclamado olimpionico y, a pesar de su buen resultado en el salto, sabía que sus compatriotas solo admiraban el triunfo. No iban a derribar una parte del muro en su honor, ni homenajearle, ni nombrarle director del gimnasio de la ciudad ni hacerle ningún regalo. Sin embargo, estaba satisfecho. A pesar del cansancio de las duras jornadas de marcha, se prometió a sí mismo que, cuatro años después, volvería a intentarlo. Emprendería, de nuevo, el largo camino hacia la gloria olímpica.

Y así fue. Anunciada la nueva convocatoria, volvió a emprender la marcha. Con la misma ilusión, con la misma preparación, pero pensando en no correr la carrera y centrarse en el salto. Sólo una duda lo asaltaba. Un año antes había entrado en guerra con sus vecinos de Larisa y él había resultado herido. Perdió un ojo y su cuerpo mostraba todavía las cicatrices de las heridas, de manera que no sabía si los helladonikas autorizarían su participación, porque había que ser "bello y fuerte".

No se equivocó. Los temidos jueces olímpicos no le dejaron inscribirse; ni siquiera le permitieron entrenar en el gimnasio de Elis. Esta vez no podría atravesar la cripta para entrar en el estadio a competir, así que esperó a que comenzaran los juegos y mezclado entre la multitud contempló, con envidia, pero sin rencores, como porfiaban, los atletas. Las normas eran las normas y, aunque pudieran ser injustas, llevaban ya más de trescientos años aplicándose, pensó.

Acabados los Juegos, emprendió el camino de regreso con la idea de escribir una poesía en homenaje, no a los ganadores olímpicos, sino a las gentes que como él, habían sido meros participantes. o ni siquiera eso. A esos sufridos atletas anónimos que las crónicas nunca reflejan. Lo que no sabía es que miles de años después, alguien acuñaría una famosa la frase de "lo importante es participar", para homenajear a la multitud de deportistas que nunca consiguen nada, pero entrenan y entrenan diariamente, y viajan, ya no en las condiciones de Virgilis Korzinatis, pero tampoco en avión como algunos de los grandes campeones, y nunca salen en las crónicas o en los libros de historia.